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Pasas días; bueno, meses; está bien, años y analizas cada paso que debes tomar, mides las posibles consecuencias y te autoconvences de que todo es por tu bien. De que que no debes tomar ninguna decisión precipitadamente. ¿Te parece familiar?  ¡Alerta! ¡Estás paralizado por tu mente!

 

¿Y si te dijera que tu cabeza no está diseñada para que ganes? ¡Tu cabeza está diseñada para mantenerte a salvo! Tu cabeza cree que medir y sobreanalizar es “hacer lo correcto” porque no quiere que arriesgues; prefiere mantenerte en tu zona de confort.

 

Todo eso que llamas “una decisión bien tomada” es sólo tu cabeza dándote argumentación lógica para no hacerlo porque podría dolerte fallar.

 

Hay una parte específica de tu cerebro, con una función simple y clara: decirte que corras en sentido contrario cada vez que algo es nuevo o cada vez que algo ya te ha dolido antes. El problema es que la vida está llena tanto de situaciones nuevas que no sabes manejar como de eventos que ya te han dolido antes y que te podrían volver a doler.

 

¿Entonces, cómo le haces para callar esa voz y aprender a arriesgar? Primero que nada, necesitas tener un sueño más grande que esa voz. Un sueño u objetivo que, con todo y esa voz, te recuerde por qué quieres arriesgar.

 

Después, aprende a identificar esa voz. No siempre te dice lo mismo; a veces te dice que “no vas a poder”, pero otras te recuerda que “no te lo mereces”. Y otras te dice eso mismo, pero disfrazado de “No tengo dinero” o “No tengo tiempo”. ¿Por qué digo disfrazado? Porque utilizar el tiempo o el dinero como impedimento para perseguir tus sueños, también es un truco de tu cabeza.

 

Toda la gente que ha logrado cosas enormes no tenía todo perfectamente organizado antes, simplemente tenía una meta clara, se aventó al barranco y las alas le salieron en el camino. ¡Deja de esperar que las estrellas se alineen para tener lo que buscas y deja de darle tanto poder a tu mente! Te recuerdo: no está hecha para que ganes, sólo para mantenerte a salvo. Es de valientes arriesgar y callar esa voz. ¡Es de gente grande vivir una vida en la cual tú retas tus propios límites!

 

Si sobreanalizas, sólo garantizas que nunca tendrás lo que quieres. Si te avientas, puedes fallar, pero hasta esa falla te pone más cerca del objetivo y te da ventaja sobre toda la gente que se queda en el análisis en su casa. ¡A moverte! ¡Que alguien más ya despertó, igual que tú!

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